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Lenguas indígenas de México

30 Apr

México es el país con mayor cantidad de personas hablantes de lenguas amerindias en América, con un total de 65 lenguas vivas registradas en el año 2010. Excepción hecha del náhuatl, ninguna de las lenguas indígenas de México posee más de un millón de hablantes.

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Clasificación de las lenguas indígenas

El estudio de las lenguas indígenas comenzó desde la llegada misma de los españoles al territorio que actualmente ocupa México. Algunos de los misioneros, por encontrarse más cercanos a los nativos, advirtieron las semejanzas que existían entre algunas de las lenguas, por ejemplo, el zapoteco y el mixteco. En el siglo XIX, las lenguas nativas fueron objeto de una clasificación semejante a la que se realizaba en Europa para las lenguas indoeuropeas. Esta tarea fue emprendida por Manuel Orozco y Berra, intelectual mexicano de la segunda mitad del siglo XIX. Algunas de sus hipótesis clasificatorias fueron retomadas por Morris Swadesh a principios del siglo XX. Las lenguas de México pertenecen a ocho familias de lenguas (además de algunas lenguas de filiación dudosa y otras lenguas aisladas), de las cuales las tres más importantes tanto en número de hablantes como en número de lenguas son las lenguas uto-aztecas, las lenguas mayenses y las lenguas otomangues.
Uno de los grandes problemas que presenta el establecimiento de relaciones genéticas entre las lenguas de México es la falta de documentos escritos antiguos que permitan conocer la evolución de las familias lingüísticas. En muchos casos, la información disponible consiste en unas cuantas palabras registradas antes de la desaparición de un idioma. Tal es el caso, por ejemplo, del idioma coca, cuyos últimos vestigios lo constituyen algunas palabras de las que se sospecha pertenecen más bien a alguna variedad del náhuatl hablado en Jalisco. Swadesh calculaba que el número de idiomas hablados en el territorio mexicano llegaba a los ciento cuarenta. Actualmente sólo sobreviven sesenta y cinco.

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Historia sociolíngüística de las lenguas indígenas de México
Como se explicó antes, en el momento de hablar acerca del español, las lenguas indígenas fueron objeto de un proceso de marginación y relegación a los ámbitos domésticos y comunitarios de la vida social. Desde su llegada a la Nueva España, algunos misioneros se dieron a la tarea de registrar las lenguas de los indios, estudiarlas y aprenderlas, con el propósito de ayudar a una evangelización más eficiente. Con este último propósito, los misioneros de Indias propugnaron por la enseñanza de los indígenas en su propia lengua. De acuerdo con esa visión, Felipe II había decretado en 1570 que el náhuatl debía convertirse en la lengua de los indios de Nueva España, con la finalidad de hacer más operativa la comunicación entre los nativos y la colonia peninsular. Sin embargo, en 1696, Carlos II, estableció que el español sería el único idioma que podía y debía ser empleado en los asuntos oficiales y el gobierno del virreinato.11 A partir del siglo XVII, los pronunciamientos a favor de la castellanización de los indios fueron cada vez más numerosos. Con ello, los colonizadores renunciaron a su vocación bilingüe, vocación que llevó en un primer momento a los misioneros y a los encomenderos a aprender las lenguas de los nativos. Esa necesidad de bilingüismo se trasladó entonces a los actores que articulaban las relaciones entre los niveles más altos del gobierno y los pueblos indígenas, es decir, la élite nativa encarnada en los caciques regionales.
A lo largo del período colonial, el español y las lenguas indígenas entraron en una relación de intercambio que llevó, por un lado, al español de cada región a conservar palabras de origen indígena en el habla cotidiana; y a las lenguas indígenas a incorporar no sólo palabras españolas, sino de otros idiomas indios y especialmente del taíno.
Después de la consumación de la independencia de México, la ideología liberal dominante llevó a los encargados de la educación pública en el país, a implementar políticas educativas cuyo propósito era la castellanización de los indígenas. Según sus defensores, con la castellanización los indios quedarían plenamente integrados a la nación mexicana (una nación criolla, según el proyecto liberal decimonónico), en igualdad con el resto de los ciudadanos de la República. Salvo el Segundo Imperio Mexicano, encabezado por Maximiliano, ningún otro gobierno del país se interesó por la conservación de las lenguas indias durante el siglo XIX, ni siquiera el del único presidente indígena que ha tenido el país: Benito Juárez.
En 1889, Antonio García Cubas calculó la proporción de hablantes de lenguas indígenas en un 38% del total de la población mexicana. Si se compara con el 60% que estimaba una encuesta de población en 1820, es notable la reducción proporcional de los hablantes de lenguas nativas como componente de la población. Al final del siglo XX, la proporción se redujo a menos del 10% de la población mexicana. En el transcurso, más de un ciento de lenguas desaparecieron, especialmente las propias de los grupos étnicos que habitaban en el norte de México, en el territorio que corresponde aproximadamente con las macro-áreas culturales denominadas Aridoamérica y Oasisamérica. Sin embargo, a pesar de que en números relativos los hablantes de lenguas indígenas fueron reducidos a una minoría, en términos netos su población aumentó. En la actualidad representan más de siete millones de personas.
Antes de 1992, las lenguas indígenas no tenían ninguna especie de reconocimiento jurídico por la Federación. En ese año, el artículo 2° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos fue reformado, con el propósito de reconocer el carácter pluricultural de la nación mexicana, y la obligación del Estado de proteger y fomentar las expresiones de esa diversidad. Siete años más tarde, el 14 de junio de 1999, el Consejo Directivo de la Organización de Escritores en Lenguas Indígenas presentó al Congreso de la Unión una Propuesta de Iniciativa de Ley de Derechos Lingüísticos de los Pueblos y Comunidades Indígenas, con el propósito de abrir un canal legal de protección de las lenguas nativas. Finalmente, la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas fue promulgada en diciembre de 2002. Esta ley contempla mecanismos para la conservación, fomento y desarrollo de las lenguas indígenas, pero también una compleja estructura que dificulta su realización.

De la castellanización a la educación intercultural bilingüe
Por castellanización se entiende, en México, el proceso de adopción de la lengua española por parte de los pueblos indígenas. Como se señaló anteriormente, sus antecedentes de jure más remotos datan del siglo XVII, aunque no fue sino hasta el siglo XIX cuando alcanzó su máxima expresión, en el contexto de la República liberal. Con la generalización de la educación pública, la castellanización se hizo más profunda aunque ello no derivó en el abandono absoluto de las lenguas indígenas por parte de sus hablantes. En otros casos, la castellanización fue acompañada por el exterminio físico o el etnocidio; casos especiales son los yaquis (Guerra del Yaqui, 1825-1897), los mayas (Guerra de Castas, 1848-1901) y los californios13 (cuyas lenguas se extinguieron a finales del siglo XIX, luego de una larga agonía que comenzó con el establecimiento de misiones católicas en la península). Los apaches14 son un caso un poco diferente, aunque resistieron cualquier esfuerzo de castellanización desde el siglo XVII, entraron en conflicto abierto con españoles y mexicanos, e incluso con las demás etnias del norte (tarahumaras, sumas, conchos, tobosos). Esto se agudizó al ser empujados hacia el oeste por la expansión de Estados Unidos, causando el constante conflicto en los estados del norte de México y del sur de Estados Unidos (Guerra apache, durante todo el XIX).
La castellanización tenía como propósito eliminar las diferencias étnicas de los indígenas con respecto al resto de la población, para, en última instancia, integrarlos en “igualdad” de condiciones a la nación. En México, uno de los principales criterios históricos para la definición de lo indígena ha sido la lengua (el criterio “racial” sólo desapareció en el discurso oficial en la tercera década del siglo XX). Por ello, las estrategias para inducir el abandono de las lenguas indígenas estaban dirigidas principalmente a la prohibición legal de su empleo en la educación, la prohibición fáctica del ejercicio de la docencia para los indígenas (cuando un indígena llegaba a ser profesor, el gobierno se encargaba de reubicarlo en una comunidad donde no se hablara su lengua madre) y otras similares.
Contra lo que pensaban los defensores de la castellanización de los indígenas, su incorporación al mundo de habla española no significó una mejoría en las condiciones materiales de existencia de los grupos étnicos. La política de castellanización se tropezaba también con las carencias del sistema educativo nacional. Suponía que los educandos manejaban de antemano la lengua española, aunque en muchas ocasiones no ocurría de esta forma. Muchos indígenas que tuvieron acceso a la educación pública durante la primera mitad del siglo XX en México eran monolingües, y al prohibírseles el uso de la única lengua que manejaban, eran incapaces de comunicarse en el medio escolar. Por otra parte, los docentes muchas veces eran indígenas cuyo dominio del español también era precario, lo que contribuyó a la reproducción de las deficiencias competitivas entre los niños. En vista de lo anterior, en la década de 1970 se incorporó la enseñanza en lengua indígena en las zonas de refugio, pero sólo como un instrumento transitorio que debería contribuir a un aprendizaje más efectivo del español.
Durante la década de 1980, la educación bilingüe fue objeto de una promoción intensiva (en términos comparativos con períodos anteriores, puesto que nunca ha constituido un sistema masivo en México). Pero aun cuando los propósitos seguían siendo los mismos (la incorporación de los indígenas a la nación mestiza y la castellanización), se enfrentaba desde entonces a las carencias que acusa el sistema de educación intercultural implementado en la segunda mitad de la década de 1990. A saber, que el profesorado asignado a zonas de habla indígena con frecuencia no domina el idioma indígena que hablan sus estudiantes. Por otra parte, sólo en fechas muy recientes la Secretaría de Educación Pública se preocupó por la producción de textos en lenguas indígenas, y sólo en algunas de ellas. La gran diversidad lingüística de México, aunada a las dimensiones reducidas de algunas comunidades lingüísticas, han conducido al sistema de educación intercultural bilingüe a enfocarse sólo en los grupos más amplios.

Lenguas en peligro de extinción
Hoy casi dos decenas de lenguas maternas están en riesgo de desaparecer en México.15 A continuación se enlistan algunas lenguas y variantes dialectales en peligro de extinción.16

  •     chinanteco central bajo
  •     chontal de Oaxaca bajo
  •     ayapaneco
  •     chocho o chocholteco
  •     mochó
  •     seri
  •     kiliwa
  •     paipai
  •     mixteco del sureste central
  •     otomí de Ixtenco
  •     otomí de Tilapa
  •     totonaco del sureste

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Otras lenguas

Cerca de 2 millones hablan lenguas extranjeras en combinación con el español, muchos de ellos hijos de inmigrantes extranjeros, otros son mexicanos que aprendieron una lengua extranjera en otro país y el resto lo han adquirido en centros de enseñanza, para el desempeño de sus actividades.

Español mexicano

29 Apr

LEARNSPANISHESPAINMEXICAN

El español mexicano (o español de México) es la variedad de dialectos y sociolectos del idioma español hablada en el territorio mexicano así como en diversos lugares de Estados Unidos y Canadá donde hay núcleos de población de origen mexicano. También sobresale el dialecto del castellano propio de la Península de Yucatán, conocido como español yucateco. México posee el mayor número de hablantes de español, llegando a sobrepasar el doble de hablantes que en cualquier país del mundo.

Variaciones
En el territorio del México contemporáneo, no es coextensivo con lo que podría ser llamado Español Mexicano. Debido a diversas variaciones como en el caso de Yucatán con peculiaridades únicas tanto en su léxico como en su pronunciación y entonación que lo distinguen de cualquier otro español hablado en México y país hispanohablante. Se han señalado algunas características muy particulares y generales a casi todas las versiones del español de México, también se ha referido (aunque no insistido en) que existen algunas peculiaridades regionales y sociales, que fragmentan el español mexicano en múltiples dialectos. Las variedades regionales poseen algunos rasgos que son muy específicos, y en algunos casos más que ser regionales son comunitarias por ejemplo pueblos alejados o pequeñas rancherías con considerado aislamiento donde se preservan variedades extremadamente peculiares, en comparación con las mayoritarias; poblaciones de origen mestizo, pero de gran antigüedad, que fueron castellanizándose desde hace mucho tiempo y gradualmente; y lo que tenemos son islas lingüísticas donde se habla, variedades de castellano bastante antiguo y regionalizado, que pueden ser como por ejemplo dialectos o hablas con influencias muy fuertes de voces asturianas o extremeñas, como terminaciones en u, en vez de en o; por ejemplo perru, en vez de perro; o pronunciar la h muda con sonido de j o h aspirada; también decir puyí, en vez de por ahí, prober por pobre etc. Formas de hablar el español que se aprendieron hace mucho tiempo y a lo largo de los siglos adquirieron características fonológicas y léxicas muy particulares y muy fuertes, principalmente por influencia de las lenguas indígenas. Principalmente, esto sucedió, y subsiste hoy día, en los estados del centro del país, como el Estado de México donde la influencia fonológica y léxica en estas variedades que sobreviven en islas se debe en gran parte a lenguas originarias, en especial al náhuatl y al otomí-mazahua y el Purépecha en Michoacán.
Es común el uso de gran cantidad de léxico indígena para designar varios elementos y así como léxico español antiguo con formas verbales y de conjugación también antiguas, así como anteponer o posponer prefijos o sufijos en lengua indígena a las palabras castellanas como en el Estado de México. Para los inmigrantes o turistas, muchas veces resulta difícil comprender la totalidad del discurso de los interlocutores lugareños. Algunas macrovariedades son perfectamente distinguibles y su extensión es más o menos amplia, como los dialectos empleados en el norte, sur y centro de México, en su forma general, y en su forma particular, como el caso de la península de Yucatán y el Distrito Federal, con variaciones graduales según sociolectos e influencias de otras regiones por las migraciones.

Variedad hablada en el norte del país
Esta variación del español mexicano es usada en el norte de México en los estados de Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sonora, Nuevo León, Sinaloa, Nayarit, Coahuila, Tamaulipas y en Durango. Se diferencia de otras regiones de México principalmente en la entonación (acento) y contracción de las palabras en las formas cortas como se pronuncia y se escribe, así como el encuentro de determinadas preposiciones con los artículos, conservando las mismas conjugaciones que tiene el mexicano central con respecto al uso universal del pronombre personal de ustedes y tuteo, para situaciones formales e informales respectivamente con el seseo. Su uso coloquial es el empleo del lenguaje, de alguna forma en un contexto informal, familiar y distendido, con vocablos caracterizados por su uso común, frecuente y directo que se alejan de todo tipo de retórica.

Variedad hablada en el centro del país
Esta variación del español mexicano es la más popular y usada en su mayoría por todos los estados de México, en su forma general en el Distrito Federal, Guanajuato, Zacatecas, Estado de México, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala, Morelos, Aguascalientes, como también en los estados costeños (Oaxaca, Guerrero, San Luis Potosi y Michoacán), septentrionales (Chihuahua, Sonora, Nuevo León, Durango, Sinaloa y Coahuila) y meridionales (Chiapas, Tabasco y Campeche con Quintana Roo). Y en casos especiales con Veracruz y Yucatán. El español central es el más conocido internacionalmente en el entretenimiento de las televisoras mexicanas, en representaciones internacionales con diversos modismos triviales, y su pronunciación es usada en casi todos los doblajes al español en América en conjunto con una entonación peculiar.

Variedad hablada en el sur del país
Esta variación del español mexicano es usado en el sur de México en los estados de Chiapas, Tabasco y Campeche existen diversas diferencias en la entonación (acento) y gramática (vos/tú). En algunas regiones del sur el voseo es producto de la influencia guatemalteca cuya variación del español mantiene estos aspéctos gramaticales. El término tuteo habitualmente significa tratar de tú o de vos, en contraposición a usted. Cuando se usa el tuteo como antónimo de voseo suele ser necesario aclararlo. De cualquier forma, el vos convive con el tú, debido por ser mayoritario, aunque no es bien visto el voseo pronominal. El vos desde los tiempos coloniales se ha considerado en muchas partes como una forma incorrecta en los países de uso mixto o en aquellos donde su uso no es común.
Variedad hablada en las costas del sur del país
Esta variación del español mexicano que es usado en las áreas costeras pacíficas de Oaxaca y Chiapas aunque principalmente áreas costeras de Veracruz es asimismo distintivo al menos a nivel del habla local, como el que exhibe más rasgos fonéticos de la costa que el hablado en el resto de México. El acento costeño exhibe en general una idiosincrasia con rasgos bastante comunes a lo largo de todo el litoral, aunque existen ligeras diferencias regionales y maneras de ser muy diferentes a los de los habitantes del interior del país y estados. Zonas geo-sociológicas que definen a los habitantes de las costas y otras regiones cercanas o limítrofes a los mismos estados.

Gramática y sintaxis

Usos preposicionales
Algunos modelos sintácticos se diferencian del español peninsular. En primer lugar está el elipsis más o menos universal de la partícula negativa ‘no’ en oraciones que contienen la preposición ‘hasta':
Será publicado hasta fines de año (en español general sería: No será publicado hasta fin de año.)
Cierran hasta las nueve (en español general sería: No cierran hasta las 9.)
Hasta que tomé la pastilla se me quitó el dolor (en español general sería: Hasta que tomé la píldora el dolor no se fue.)
Cuantificadores
Una segunda forma que coexiste con el uso peninsular involucra el empleo del     ¿Qué tan buen cocinero eres? = ¿Cuán buen cocinero eres?interrogativo qué en conjunción con el cuantificador tan(to), como en:
¿Qué tan graves son los daños? (en español peninsular ¿Cómo de graves son los daños?)
Otra diferencia son las oraciones correlativas de cantidad:
(México) Entre más lo hagas, peor te va a ir
(España) Cuanto más lo hagas, peor te va a ir
Clíticos de objeto directo
Otro punto característico del español de México es el uso anómalo del marcaje del plural del receptor u objeto indirecto de una acción. En español mexicano curiosamente se añade una marca de plural -s cuando el receptor (objeto indirecto) es semánticamente un plural, pero se añade al clítico de objeto directo:
(1a) ¡Esto iba a pasar!, se lo dije [a Juan] (OI singular)
(1b) ¡Esto iba a pasar!, se los dije [a Juan y a Pedro] (OI plural)
Esto contrasta con la mayoría del los otros dialectos del español de América Diciembre de 2009[cita requerida] donde las oraciones anteriores serían:
(2a) ¡Esto iba a pasar!, se lo dije [a Juan]
(2b) ¡Esto iba a pasar!, se lo dije [a Juan y a Pedro]
Es decir, en la mayoría de las variedades cuando el objeto directo es clítico (2a) y (2b) son idénticas y por tanto potencialmente ambiguas ya que el número gramatical del objeto indirecto no tiene marca explícita.
Otro punto es la ausencia de leísmo y el uso de -le como un clítico dativo defectivo, lo que incidentalmente produce variaciones como:
(3a) No sé cómo hacerlo (= ‘No sé cómo hacer esto concreto’)
(3b) No sé cómo hacerla (= ‘No sé cómo hacer la tarea o actividad’)
(3c) No sé cómo hacerle (= ‘No sé qué hacer’)
Determinantes
El español de México difiere del español general y particularmente en el uso de ciertos determinantes indefinidos, o las expresiones sin determinante son más frecuentes en México que en otras áreas:
¡Si no soy perro!
‘¡No soy un perro!’
Es ladrona
‘Es una ladrona’
Sin embargo, al igual que el español de América tiende a usar artículo determinado cuando en español de España no aparece, debido a que en Galicia sí se dice:
Me salí de la casa
‘Me fui de casa’
‘Funme da casa’ (da = de + a -> da = de + la)

Verbos cambiantes
En conjugaciones, de manera no normalizada, algunos verbos terminados en -iar presentan ruptura de diptongo en su conjugación en el presente del indicativo, terminando en ía o en ío, como en los siguientes casos:

  •         El banco negocía un préstamo, en lugar de “El banco negocia un préstamo”.
  •         Yo no diferencío entre los colores, en lugar de “Yo no diferencio entre los colores”.
  •         Yo te financío la obra, en lugar de “Yo te financio la obra”.

A veces se llegan a cambiar completamente los verbos, haciendo falsas conjugaciones, de modo que se conserva el modo infinitivo del verbo, como sigue:

  •         Dile que no “force” la herradura, en lugar de “Dile que no fuerce la herradura”.
  •         Él “solda” los metales, en lugar de “Él suelda los metales”.
  •         Deja que el arroz se coza, en lugar de “Deja que el arroz se cueza”.

Formación de los imperativos
En buena parte del territorio mexicano se acostumbra añadir un -le al final de los verbos conjugados en modo imperativo.

  •     Ejemplo1: José, córrele porque se va el camión.
  •     Ejemplo2: Muévanle (ustedes) bien a la harina.

Lexicología
Carácter rústico
A causa de la procedencia social de la mayor parte de los conquistadores y colonizadores españoles -soldados, expresidiarios, aventureros, etc.- pueden señalarse el vulgarismo y el carácter rústico como rasgos característicos del español de América. Sin embargo, la ciudad de México fue donde se formó el lenguaje más culto de la colonia. Con una gran capacidad de asimilación, muy pronto estuvo al nivel cultural de las más grandes ciudades españolas: nueve años después de la conquista, en 1530, tiene una imprenta, la primera de América, en 1537 comienza a ser corte de virreyes; en 1547 es cabeza de arzobispado, en 1553 inaugura su universidad, y su ambiente literario era muy atractivo para los escritores españoles. Por todas estas características, no es el vulgarismo el rasgo peculiar de su español, aunque no falten rasgos de carácter rústico. Entre ellos, tal vez el más importante sea el de convertir los hiatos (término con el que se denomina la combinación de dos vocales que son elementos constituyentes de sílabas contiguas y que no forman diptongo) en diptongos: pior (peor), peliar (pelear), cuete (cohete), pasiar (pasear), linia (línea).

Mexicanismos
Ejemplos de palabras usadas en México. Se han dividido en palabras del registro formal y coloquialismos (registro informal); de estos últimos la mayoría son soeces, otros simplemente sustituyen un nombre.
Registro formal e informal

  •     ¡Aguas! Interjección para advertir un peligro.
  •     Ahorita (también se usa el diminutivo ahoritita): Indica tanto una acción en un lapso de tiempo corto indefinido, como una acción en tiempo pasado que recién acaba de ocurrir.
  •     Alberca: Piscina
  •     ¿Bueno?: Es una manera de contestar las llamadas telefónicas.
  •     Carro: Automóvil o coche
  •     Cerro: Montaña
  •     Chicle: Goma de mascar
  •     Colonia: Parte de una ciudad. Similar a barrio. (Ejemplos: Pedro vive en la colonia Benito Juárez de esta ciudad.)
  •     Barrio: Barrio que posee una iglesia y toma el nombre de la advocación de esta
  •     Desarmador: Es equivalente a decir destornillador.
  •     Pena: Vergüenza (también usado en otros países de Hispanoamérica).
  •     Platicar: Conversar, charlar (verbo usado también en América Central).
  •     Refresco: Es equivalente a decir soda o gaseosa, se suele utilizar la palabra “chesco” como sinónimo o diminutivo coloquial.
  •     Tienda: Supermercado
  •     Tlapalería: Término utilizado en el centro del país para referirse a la tienda donde se venden pinturas, materiales eléctricos, herramientas, artículos para construcción, etc., similar a una ferretería.
  •    Muchacho/cha: Joven o chico/a

Coloquialismos

  •     Chavo(a): Término coloquial utilizado en el centro del país para referirse a un niño o joven.
  •     Morro/a: Término utilizado en el norte del país para llamar a un niño/a. (Ejemplos: ese morro como juega de bien, hey tu morro ven)
  •     Chaparro: Enano
  •     Chavirul: Término utilizado en la región del pacífico a una persona joven, utilizado únicamente para referirse a una persona de género masculino. (Ejemplos: Chavirul, checa las llantas, No puedes entrar a la cantina porque eres un chavirul.)
  •     Chela: Vulgarismo coloquial de cerveza.
  •     Chamaco(a), huerco(a), morro(a): Niño, niña, cada término utilizado en distintas partes del país.
  •     Cruda: Vulgarismo coloquial para resaca, malestar después de un estado de ebriedad. (Ejemplo: Está tan crudo que tiene nauseas).
  •     Güey: (originalmente buey) Vulgarismo coloquial para nombrar a un amigo (también es usado we en forma de acortar la palabra).
  •     Órale: interjección para asombro, reafirmación o mandato (Ejemplos: Órale, recorriste la pista en 5 minutos., Tráeme/traime dos cervezas en la tienda de la esquina. ¡Órale!.)
  •     Chido: Grandioso o genial.14 Es usado solamente entre los jóvenes y entre los niños.
  •     Onda: Cosa (Ejemplo: ¿Qué onda güey?., ‘¿qué onda?, ¿cómo estás?)
  •     Chale: Expresión de inconformidad
  •     Reborujar: Palabra generalmente para indicar confusión o algo enmarañado (Ejemplos: Esa ecuación está muy reborujada. Esta recamara es un reborujo.)
  •     Pedo: Problema (Ejemplos: Está grueso ese pedo. Me metí en un gran pedo.). También significa «borracho» pero en forma soez.
  •     Cañón: Algo fuerte, usado solamente entre los jóvenes (Ejemplo: ¡Ir al dentista está cañón!.)
  •     Chingar: Fregar, matar o molestar
  •     Chingón: Algo/alguien bastante bueno y de calidad
  •     Mamón: Creído o presumido
  •     Mamada: Cosa que está de más, tontería o payasada
  •     Mamila/mamey: Musculoso
  •     Bronca: Problema o asunto pendiente
  •     Pinche: Palabra soez que significa «espina clavada» y se usa para reforzar algo dicho, también puede significar desgraciado cuando se dice antes de un sujeto

Arcaísmos
La primera impresión que produce el español de México para hablantes de España es que se trata de un habla conservadora. En efecto, no son pocos los casos en que el habla de México ha conservado modos antiguos de decir, sin dejarse influir por las innovaciones realizadas en otras zonas de la comunidad lingüística hispana. El hecho de que algunas voces o expresiones ya desaparecidas en el habla de España se sigan oyendo en México es la razón por la cual se ha señalado el “arcaísmo” como característica del español mexicano. Son arcaísmos respecto a España (porque en México es expresión y palabra vigente) expresiones como: se me hace (me parece), ¿qué tanto? (¿cuánto?), muy noche, dizque, donde (usado como condicional en expresiones como: «Donde se lo digas, te mato»). Los arcaísmos resultan más evidentes en el vocabulario. Palabras ya olvidadas en España conservan vigencia en México: pararse (ponerse de pie), prieto, liviano, demorarse, dilatarse, esculcar, luego, fierro (hierro), flama (llama), recibirse (graduarse), nadien o naiden por nadie.
A su vez, en México se consideran arcaismos el uso de “vosotros” y algunas expresiones y palabras que aún están vigentes en España, pero que no se usan prácticamente en territorio mexicano, como lo son “fontanero”, “bañador”, “chaquetilla” o “chaval”.
Entre los arcaísmos se encuentran antiguas formas de conjugar verbos, usadas por lo general en poblaciones donde no hay mucha comunicación con el exterior, a saber: truje por traje, naza por nazca (de nacer), vide por ví, traiba por traía. Incluso en la capital es común para mucha gente (la mayoría de los habitantes de los pueblos y barrios originarios y en general en el territorio del Distrito Federal) usar una conjugación antigua del verbo hacer, haiga en vez haya, y emplear la terminación en -stes, como en hablastes o hicistes. También la pronunciación de la H fricativa en palabras como hediondo que en el habla rural se pronuncia jediondo y el uso de adverbios arcaicos como ansina ‘ansí, así’.
Estas formas arcaicas o anticuadas para la mayoría de los hispanohablantes, persisten sobre todo en las zonas relativamente aisladas de la mayoría de la sociedad, constituyendo islas lingüísticas, como se ha señalado previamente. Así en las zonas serranas del Estado de Chihuahua, Durango, y Sonora es donde se pueden apreciar estas formas vivas aún, entre otros lugares.

Regionalismos
Junto al conjunto de rasgos comunes a todas las variantes del español mexicano, existen diferencias de vocabulario, entonación y gramática características de cada región del país.
Por ejemplo, “bollo” en la Ciudad de México es un tipo de pan, pero en Yucatán son heces. En Chiapas, “mecos” son personas rubias, mientras que en la Ciudad de México hace referencia extremadamente vulgar al esperma, a los mecos; en Morelos, refiere a las cosas o personas sucias; a su vez ésta expresión en Chihuahua hace alusión a personas poco inteligentes: “¡Cómo eres meco!”; ¡Cómo eres tonto!; en Chiapas “totol” se refiere al guajolote (pavo, de origen náhuatl). En el centro del país, “lonche” se puede referir a un refrigerio durante tiempo de trabajo o de escuela o más específicamente a un almuerzo, de hecho existen las “loncherías” (del inglés Lunch), mientras que en Jalisco lonche es el equivalente a torta: “Me prepara un lonche de jamón”. Otro sería “cura” se refiere a un clérigo, así como en la variante occidental “cura” es para referirse a algo curioso, raro o gracioso ¡Qué cura está el perro!.

Influencia del náhuatl
El español de México ha tenido como sustrato lingüístico diversas lenguas indígenas. Especialmente significativo ha sido el influjo del náhuatl, sobre todo en el léxico. Sin embargo, si bien en el vocabulario su influencia es innegable, apenas se deja sentir en el terreno gramatical. En el léxico, además de las palabras originarias de México con los que se ha enriquecido la lengua española, como tomate, hule, chocolate, coyote, petaca, etcétera; el español de México cuenta con muchos nahuatlismos que le confieren una personalidad léxica propia. Puede ocurrir que la voz náhuatl coexista con la voz española, como en los casos de cuate y amigo, guajolote y pavo, chamaco y niño, mecate y reata, etc. En otras ocasiones, la palabra indígena difiere ligeramente de la española, como en los casos de huarache, que es un tipo de sandalia; tlapalería, una variedad de ferretería, molcajete, un mortero de piedra, etc. En otras ocasiones, la palabra náhuatl ha desplazado casi completamente a la española. tecolote, atole, milpa, ejote, jacal, papalote, etc. Son muchos los indigenismos que designan realidades mexicanas para las que no existe una palabra castellana; mezquite, zapote, jícama, ixtle, cenzontle, tuza, pozole, tamales, huacal, comal, huipil, metate, etc. Hay que hacer notar que la fuerza del sustrato náhuatl cada día hace sentir menos su influencia, ya que no hay aportaciones nuevas.

  •     Nahuatlismos muy frecuentes: aguacate, cacahuate, cacao, coyote, cuate, chapulín, chicle, chocolate, ejote, elote, huachinango, guajolote, hule, jitomate, mayate, mecate, milpa, olote, papalote, petaca (por maleta), piocha, zopilote.
  •     Nahuatlismos medianamente frecuentes: ajolote, chichi (por pecho femenino), jacal, xocoyote (benjamín), tecolote, tianguis, tlapalería, zacate.
  •     P’urhepechismos o tarasquismos: huarache, jorongo, cotorina, sarikua, tacuche
  •     Otros indigenismos no mexicanos: arepa, butaca, cacique, caimán, canoa, coatí, colibrí, chirimoya, naguas, guayaba, huracán, iguana, jaguar, jaiba, jején, loro, maguey, maíz, mamey, maní, ñame, ñandú, papaya, piragua, puma, tabaco, tapioca, yuca.

La influencia del náhuatl en la fonología parece restringida a la pronunciación homosilábica de los digrafos -tz- y -tl- (México: [a.’t͡ɬan.ti.ko] / España: [ad.’lan.ti.ko]), y a las diversas pronunciaciónes de la letra -x-, llegando a representar los sonidos [ks], [gz], [s], [x] y [ʃ]. En la gramática, uno puede citar como influencia del náhuatl el uso y abuso de los diminutivos: ¿Acaso un minutito tiene menos segundos que un minuto? ¿Un cieguito ve más que un ciego, o bien, es más amable?15 16 También se puede citar como influencia del náhuatl el uso del sufijo -le para darle un carácter enfático al imperativo. Por ejemplo: brinca -> bríncale, come -> cómele, pasa -> pásale, etcétera. Se considera que este sufijo es un cruce del pronombre de objeto indirecto español le con las interjecciones excitativas nahuas, tales como cuele.17 Sin embargo, este sufijo no es un verdadero pronombre de objeto indirecto, ya que se usa aún en construcciones no verbales, tales como: hijo -> híjole, ahora -> órale, ¿que hubo? -> quihúbole, etcétera.
Aunque la hipótesis del sufijo -le como influencia del náhuatl ha sido ampliamente cuestionada. Navarro Ibarra (2009) encuentra otra explicación sobre el carácter intensificador de le. La autora advierte que se trata de un clítico dativo defectivo; en lugar de que le funcione como un pronombre de objeto indirecto, modifica al verbo. Un efecto de la modificación es la intransitivización de los verbos transitivos que aparecen con este le defectivo (eg. moverle no es “mover algo para alguien” sino “hacer la acción de mover”). Este uso intensificador es un rasgo gramatical particular de la variante del español mexicano. En cualquier caso, no se debe confundir el uso de le como modificador verbal, con los diversos usos de los pronombres de objeto indirecto (dativo) en el español clásico, pues éstos son ampliamente usados para indicar en particular el caso genitivo y el dativo ético. En lo que se considera una de las actas de nacimiento del idioma español, el poema de Mio Cid escrito alrededor del año 1200, ya se pueden encontrar varios ejemplos de dativo posesivo o ético.

Influencia del inglés
México tiene una frontera de más de 2.500 kilómetros con los Estados Unidos, recibe cada año gran afluencia de turistas estadounidenses y canadienses, cientos de miles de mexicanos van a trabajar temporal o permanentemente al país vecino y México es, de hecho, el país con más ciudadanos estadounidenses viviendo fuera de Estados Unidos, con más de 1.000.000, distribuidos alrededor del territorio nacional. El inglés es la lengua extranjera más estudiada en México y la tercera más hablada después del español y de las lenguas autóctonas tomadas en conjunto. En cambio, la corriente de anglicismos, o sea, palabras del inglés incorporadas al español, va en continuo aumento. Hay muchas palabras del inglés que se usan tanto en América como en España: filmar, béisbol, club, coctel, líder, cheque, sándwich, etc, Pero en el español mexicano se usan otros anglicismos que no se utilizan en todos los países de habla hispana. En este caso se encuentran: bye, ok, nice, cool, “checar”, hobby, “fólder”, “overol”, “suéter”, “réferi”, “lonchería”, “clóset” o maple, baby shower, etc.
En la región del norte de México y el sur de EE.UU., especialmente en los estados fronterizos, el español incorpora palabras del inglés de uso común: troca (truck), lonche (lunch), yonque (junkyard).
El Centro de Lingüística Hispánica de la UNAM realizó un número de encuestas en el Proyecto de estudio coordinado de la norma lingüística culta de las principales ciudades de Iberoamérica y de la Península Ibérica. En las realizadas a hablantes mexicanos de norma culta urbana el número total de anglicismos era de aproximadamente 4%. Sin embargo, en esta cifra se incluyen anglicismos que permearon el español general hace tiempo y no particularizan el habla nacional, como son nylon, dólar, ron, vagón y otros.
Los resultados de dicha investigación se resumen en:

  •     Los préstamos léxicos se registran en su mayoría en la clase morfológica del sustantivo.
  •     Anglicismos de uso general: O.K. (/oquéi/), Bye (/bai/), rating, click, básquetbol, bat, béisbol, box(eo), cátcher, claxon, clip, closet, clutch, coctel, champú (o šampú), cheque, esmoquin, exprés, fútbol, gol, hit (o /xit/), jonrón, jeep, jet, knockout, líder, mitin, nylon, overol, panqué, pay (del ingl. pie), pudín, baby shower, reversa, rin, round, set, strike (stráik o estráik), suéter, pants, tenis, supermercado, vallet parking, tennis, y whisk(e)y.
  •     Anglicismos frecuentes: bar, bermudas (por pantalón corto), bistec, chequera, jockey, short, show, sport (tipo de ropa), switch.
  •     Anglicismos de uso medio: barman, King/Queen Size, fólder, grill, manager, penthouse, pullman, strapless, zípper.

Algunos ejemplos de anglicismos sintácticos, que coexisten con las variantes comunes, son:

  •     Uso del verbo aplicar, coexiste con postularse. (“Apliqué a esa universidad” I applied to the university, en lugar de “Postulé a esta universidad”)
  •     Uso del verbo asumir, coexiste de manera no generalizada con suponer. (“Asumo que sí va ir a la fiesta”, I assume he is going to the party, en lugar de “Supongo que sí va ir a la fiesta”)
  •     Uso del verbo accesar coexiste de manera no generalizada con acceder a. (“Accesa a nuestra página de internet”, Access our web page, en lugar de “Accede a nuestra página de internet”).

Extranjerismos

Al igual que sucede con el español en otros países, el español mexicano hace uso de ciertos anglicismos y otros extranjerismos. Por ejemplo: ¡Qué cool!, significa que algo está muy bien o que ha gustado. Decir que algo “está super in”, quiere decir que algo está de moda o que es vanguardista: decir “está out”, significa lo contrario.

Iberismos

Son pocos y usados frecuentemente por españoles o sus descendientes. Otros: Caló: chavo, lar, trusa, chota, “vale (en el Norte)”. Por ejemplo: “A ese chavo se lo llevó la chota”.

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